Me declaro independiente

Escrito por: | Categoría: Republica Dominicana | Fecha: 26-11-2007

El proyecto de nación, republica y Estado que encarnaron Juan Pablo Duarte y los trinitarios, carece de un liderazgo que lo conduzca y de una organización política que lo exprese. Desafortunadamente, a partir del retiro de Juan Bosch y la desaparición física de José Francisco Peña Gómez, la franja progresista de la Republica Dominicana ha quedado totalmente descabezada.

La actividad partidaria se ha envilecido desde la noche del 10 de mayo de 1998. El proceso de degeneración de la política tendrá el próximo 16 de mayo su expresión más dolorosa: cada organización irá representada por su peor cara. Por primera vez en toda nuestra historia electoral, las ideas de Juan Pablo Duarte no tendrán una candidatura que las represente.

Ahora bien, la carencia de un liderazgo que aglutine a los progresistas dominicanos no se debe únicamente a las aberrantes formas clientelistas del conservadurismo nacional. Verlo sólo desde ese ángulo seria una ingenuidad de grandes dimensiones. La falta de convicción, la ausencia de coraje y el transaccionismo que han caracterizado a los llamados a encabezar el movimiento liberal tras la desaparición de Bosch y Peña, es la causa fundamental de que hoy los duartianos no estemos representados.

Eso explica por qué gente de reconocida honestidad personal y discurso político de contenido, no ha podido alcanzar nunca el solio presidencial. Simplemente, tienen tan poca fe en lo que pregonan que terminan plegándose, por miedo o por conveniencias personales expresadas en repartos de cuotas, a aquello que una vez combatieron. Bajo la lógica de la mediocridad y el sentimentalismo barato, se suman a lo peor con el pretexto de una unidad que no se construye en base a un proyecto de país, sino de una transacción electoral.

Hacer una declaración pública ridícula, insulsa y hueca que no suma nada al debate nacional sobre los verdaderos problemas de la nación: desigualdad, pobreza, exclusión. O el otorgamiento de títulos nobiliarios al costo de lastimar la famélica institucionalidad partidaria de nuestra democracia entrecomillada, basta para que se vayan al olvido los encendidos discursos por un verdadero cambio, los cuestionamientos a la honestidad o las capacidades para gobernar del adversario. Al parecer, sus egos son más grandes que sus ideas.

Es esa actitud mediocre, pusilánime y hasta cierto punto cobarde la que ha llevado a la franja liberal a quedarse sin opciones a la vista en este proceso. Personalmente, sigo creyendo que el PRD es la organización llamada a ser el canal de expresión de las fuerzas sociales que históricamente han sostenido el proyecto ideado por Juan Pablo Duarte.

En la actual coyuntura los herederos de Pedro Santana tienen el jacho secuestrado. Esa es la verdad monda y lironda. Ese estado de cosas debe ser cambiado de raíz, en el momento oportuno, de lo contrario el PRD podría extinguirse. Debemos volver a luchar con firmeza por los postulados democráticos que defendía José Francisco Peña Gómez, que son los mismos de Juan Pablo Duarte.

Quiero un PRD que vuelva a hacer suya la bandera de una Asamblea Constituyente electa por voto popular y con candidaturas uninominales. Quiero un PRD que abomine de las privatizaciones y promueva la nacionalización de los sectores estratégicos de nuestra economía (energía, transporte, comunicaciones). Quiero un PRD que impulse el fortalecimiento constante de la inversión social. Quiero un PRD que busque la instauración de un modelo de economía social orientado a la inversión y no al rentismo. Quiero un PRD que plantee la construcción de un nuevo Estado social de derecho y justicia con equidad de género. Quiero un PRD que combata fieramente la corrupción pública y privada. Quiero un PRD que se parezca más a Peña Gómez y menos a una compañía por acciones.

De esas ideas me declaro seguidor e impulsor. De esos sueños me declaro albañil. Lucharé a lo interno de mi partido por convertirnos en la organización heredera de la trinitaria. Trabajaré sin descanso por mover el partido hacia la izquierda. Dentro del PRD, me declaro como la Republica Dominicana: libre, soberano e independiente. Trabajaré, con las intensidades que demande cada etapa, por la refundación de la republica. Mi grupo: el PRD. Mi proyecto: el de José Francisco Peña Gómez: una Patria digna, soberana y solidaria. Que es el mismo de Simón Bolívar, de José Marti, de Juan Pablo Duarte, de Juan Bosch.

Seguiré firme en esas ideas. Las defenderé hasta el último momento. Dispuesto a pagar el precio que sea necesario por ellas. Si al final del día los vientos no favorecen la batalla, el sabor de la derrota por la causa de la que estoy convencido, será mas dulce que terminar sumándome, por miedo, por conveniencias personales o por transacciones electoralistas, a algo que no expresa la misión histórica para la cual fue fundado el partido al que pertenezco y perteneceré hasta el ultimo día.

Entre morir de pie o vivir arrodillado, prefiero un millón de veces ver la muerte con las botas puestas y el fusil en la mano. ¿Arrodillado? sólo ante Dios; nunca ante los hombres. Aunque hoy se vea nublado el panorama, sé que la victoria está cada vez más cerca.

Estoy seguro, que más temprano que tarde, venceremos.

¡Otro PRD es posible…Otro país es posible!