Distinguidos Compañeros del Presidium:
Gracias, Doña Yvelisse por la pureza de sus ideas. Gracias, Don Vicente, por la firmeza inquebrantable de tantos años de lucha sin dobleces. Gracias, Don Hugo, por su coherencia. Gracias a los que han entregado sus mejores años al PRD.
Soy un firme creyente en Cristo, el más grande revolucionario de la historia. La Biblia, fuente universal de sabiduría, en su libro Eclesiastés, mi favorito, dice: todo debajo del cielo tiene su tiempo. Por ello, quiero posar mi mirada hacia el futuro, más que en el pasado.
La Republica Dominicana atraviesa por momentos difíciles. La crisis alimentaria, los altos precios del petróleo y los alarmantes niveles de inseguridad son nuestras principales amenazas. Estamos a las puertas de un estallido social.
Es nuestro deber hacer una oposición firme, pero responsable. La clave está en saber discrepar sin crispar. Saber colocar al PRD como el partido que trabaja por construir los sueños de prosperidad y bienestar de cada dominicana y dominicano, más que el partido que únicamente quiere destruir al gobierno. Nuestra tarea de ahora en adelante deberá ser derrotar la estrategia política del miedo, el cinismo y la mentira, para instaurar una nueva política que una a los dominicanos en un alto propósito común: el de una Patria libre, altiva y soberana.
Debemos estar conscientes del reto que tenemos por delante. El pueblo dominicano nos ha dado el papel de opositores. Y le dio ese rol a todo el partido. No a una persona. Que nos quede bien claro a todos: el millón seiscientos mil dominicanos y dominicanas que rayaron el jacho prendido del PRD, lo hicieron por una organización que durante 69 años ha tenido como misión histórica instaurar un régimen democrático en la Republica Dominicana. El PRD no puede ser reducido a una sola persona. Seria negar nuestra historia, nuestra esencia, nuestra razón de ser.
El único ser humano que podía atribuirse todos y cada uno de los votos del partido, habita en los corazones de todos los perredeistas, se llama José Francisco Peña Gómez. Nadie, absolutamente nadie, puede pretender calzarse sus botas. Es nuestro compromiso abrazar con pasión sus ideas, ideología e ideales.
El líder del PRD son sus estatutos. A ellos nos debemos todos. Este partido tiene una institucionalidad que debe ser respetada. Todos los que estamos aquí, sin excepción alguna, fuimos electos por cuatro años, ni un día más, pero tampoco un día menos. La elección de las nuevas autoridades, habrá de hacerse en el marco de lo establecido por los estatutos.
Es ley de la democracia que la mayoría de hoy sea minoría mañana y que el triunfador de hoy sea el vencido de mañana. Con todos nuestros defectos, somos el Partido más democrático del país. Tenemos que evitar que un solo grupo arrope a todo el partido, porque el partido es la suma de todos.
Esta frase no es mía, la dijo un 13 de noviembre de 1979, el Dr. José Francisco Peña Gómez. La renovación en el PRD debe ser el resultado de un encuentro de generaciones que propicie nuestra regeneración ideológica, la construcción de un proyecto de país desde el socialismo democrático, la reorientación de nuestras relaciones internacionales, ganarnos un nuevo espacio en la sociedad dominicana. Vencer las presunciones de que los jóvenes son apáticos al PRD, de que las mujeres no votan blanco y de que la clase media nos rechaza. Eso sólo puede lograrse si le damos señales a la sociedad dominicana: hoy, aquí y ahora de que estamos determinados a cambiar.
Compañeras, compañeros.
Ha llegado la hora de que en el PRD, por fin, la esperanza venza al miedo.
Ha llegado el momento de que lo improbable venza aquello que los cínicos creen es inevitable.
Este es el momento para que echemos abajo unas barreras que nos han dividido durante demasiado tiempo: el miedo, el cinismo, la mentira. Este es el momento para congregarnos perredeistas de diferentes edades y construir un partido diferente para darle a la sociedad dominicana una razón para creer nuevamente en nosotros.
Los convoco, a un encuentro de generaciones que escriba el próximo gran capitulo en la historia de nuestro glorioso Partido Revolucionario Dominicano.
Es el momento de convocar a los perredeistas a la esperanza.
La esperanza no es optimismo ciego. La esperanza es aquello que desde nuestro interior insiste, pese a todos los indicios en contra, en que algo mejor nos espera si tenemos el coraje de intentar alcanzarlo, de trabajar por ello, de luchar por ello.
¡Esperanza! ¡Esperanza! ¡Esperanza!
¡Esperanza! es lo que me ha traído hoy aquí. Hijo de un colmadero de La Vega y de una madre emigrante a los Estados Unidos, con una carrera política que sólo ha podido ocurrir en el Partido Revolucionario Dominicano.
¡Esperanza! es el fundamento de esta nación, la convicción de que nadie escribirá nuestro destino, sino nosotros mismos, por todos los hombres y mujeres que no se resignan a tomar el mundo tal como es, sino que tienen el valor de rehacer el mundo como debería ser.
¡Esperanza! Ese es el mensaje que los perredeistas debemos llevarle a los dominicanos, el mensaje que puede cambiar este país, pueblo a pueblo, barrio a barrio, calle a calle, casa a casa, mano a mano: juntos, la gente ordinaria podemos hacer cosas extraordinarias, porque no somos una masa siguiendo a una sola persona, somos el Partido Revolucionario Dominicano, ¡el partido del pueblo, de la libertad!
Muchas Gracias.