Guerra en el Cáucaso.

Escrito por: | Categoría: Temas Globales. | Fecha: 20-08-2008


La guerra en el Cáucaso, es producto de la intensa competencia geopolítica por el control del flujo energético del mar Caspio hacia los mercados occidentales.

Esta lucha comenzó durante la administración Clinton, cuando las antiguas repúblicas soviéticas de la cuenca del mar Caspio se independizaron y empezaron a buscar clientes para su petróleo y gas natural. Las compañías occidentales buscaban ansiosamente firmar acuerdos de producción con los gobiernos de las nuevas repúblicas, pero se enfrentaron a un obstáculo difícil de franquear a la hora de exportar el producto resultante: como el mar Caspio no tiene salida al mar, cualquier energía existente en la región ha de viajar a través de conductos, y por aquel entonces Rusia controlaba todos los disponibles. Para evitar la dependencia exclusiva de los conductos rusos, el presidente Clinton patrocinó la construcción de un oleoducto alternativo desde Bakú, en Azerbaiyán, a Tbilisi, en Georgia, y desde allí hacia Ceyhan, en la costa mediterránea de Turquía. Se trata del oleoducto BTC [por las siglas de Bakú, Tbilisi y Ceyhan].

El oleoducto BTC, que empezó a funcionar en 2006, pasa a través de algunas de las zonas más inestables del mundo, incluyendo Chechenia y las provincias separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en Georgia. Con este dato, la administración Bush proporcionó a Georgia cientos de millones de dólares en ayuda militar, convirtiéndola en la receptora principal de armamento y equipamiento estadounidense en el antiguo espacio soviético. El presidente Bush cabildeó a los aliados estadounidenses en Europa para acelerar los trámites para la inclusión de Georgia en la OTAN.

Naturalmente, esto no explica por si solo el conflicto. Lo agravan profundamente las guerras étnicas que existen en el Cáucaso. Las minorías étnicas, en Georgia superaban el 30% y disponían de tres autonomías instituidas, dos de ellas con estatus de república (Abjazia y Adzharia, ésta poblada por georgianos de tradición islámica) y la región autónoma de Osetia del Sur.

Con su propio alfabeto y su iglesia nacional (ortodoxa, pero no “hereje”) el país de Georgia (Sakartvelo), tuvo su edad de oro en los siglos XII y XIII, y sufrió todo tipo de invasiones.

La anexión rusa de Georgia, a principios del XIX, fue configurando paulatinamente la unificación de los reinos de taifas georgianos en un nuevo marco unificado. Con el desmoronamiento del imperio ruso, los georgianos hicieron de un partido marxista y panruso su partido nacional. Como internacionalistas, los mencheviques georgianos no eran partidarios de la separación de Rusia, pero, en palabras de un historiador georgiano contemporáneo, “el caos en el antiguo imperio ruso les obligó a convertirse en patriotas” e incluso a fundar, como sus vecinos, una república independiente entre 1918 y 1921. Con la Unión Soviética, Georgia obtuvo no sólo unas fronteras estables, sino que experimentó su, “consolidación más completa como nación”.

Los abjasos siempre habían sido considerados “autóctonos” por el nacionalismo georgiano, pero después de que la universidad de Abjazia se escindiera en dos secciones en julio de 1989, en medio de violentos enfrentamientos que registraron 17 muertos y 448 heridos, ese título fue puesto en cuestión. En agosto de 1990 el parlamento local aprobó una declaración de soberanía, que a su vez era respuesta a un voto anterior del parlamento georgiano declarando nulos todos los acuerdos firmados por Georgia después de su incorporación a la Unión Soviética en 1921, lo que descalificaba a todas las autonomías. La tensión se trasladó entonces a Osetia del sur, que en noviembre de ese mismo año se ascendió unilateralmente su estatuto al de “república autónoma”.

La compleja diversidad nacional de Georgia, resultaron en un éxodo de 300.000 georgianos desde Abjazia y Osetia del Sur. Todas las naciones de Georgia, y desde luego también los propios georgianos, han pagado un duro precio por la exaltada idiosincrasia habitual entre los políticos de Tbilisi. La situación se ha repetido ahora con Saakashvili (presidente de Georgia), apadrinado por la irresponsabilidad global de Washington.

El otro elemento decisivo en esta crisis es el geopolítico. El saliente W. Bush trata de impedir a toda costa la consolidación de un mundo multipolar en donde la Unión Europea y Rusia juegan un rol determinante. Para ello Washington juega a desestabilizar la unidad europea y a promover conflictos con Rusia.

El mentado escudo antimisiles que colocarán en Polonia con el pretexto de que serán para defensa contra Irán, está dirigido a cercar el avance ruso y a sembrar cizaña en las relaciones entre estos dos importantes polos del nuevo mundo en configuración. Ucrania y Georgia (con 2000 soldados, tercer país con tropas en Irak) son piezas importantes de esta jugada, en la que también participan Polonia, Bulgaria, Rumania, la República Checa y otros.

Tras 15 años de ignominia interna y externa, que incluye la catastrófica y bárbara guerra de Chechenia -mucho peor en sus consecuencias sobre la población que la aventura de Saakashvili-, Rusia está recuperando su dignidad nacional. No son “ambiciones imperiales”, como se dice, sino elementales intereses vitales en zonas limítrofes, como oponerse a que se aniquile a sus ciudadanos, o a que se militaricen sus fronteras más inmediatas utilizando el caldo de cultivo de régimen vasallos de una potencia lejana, intervencionista y agresiva. En la actuación de Rusia, hay mucho de discutible, pero geopolíticamente sus razones están claras y, geográficamente, son mucho menos ilegítimas que las invasiones de Irak, Kosovo, o cualquier otra aventura lejana de la metrópoli imperial.