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Hugo Chavez o luchar y no ceder.
Escrito por: | Categoría: General | Fecha: 24-11-2008
Leudy Peralta, líder emergente de Elías Piña, me cuestionaba sobre la sinceridad del antiimperialismo de Hugo Chávez y el socialismo bolivariano, con argumentos y razonamientos intente convencerle. No pude. Los suyos fueron muros de contención a mis esfuerzos por hacerle ver una realidad distinta a la que sus conocimientos, sobre el tema constataban. La fortaleza argumental de Leudy me puso a reflexionar, y una pregunta anduvo en mi mente durante todo el trayecto hasta llegar a mi hogar rozando la medianoche, luego de un recorrido por toda la provincia Puerto Plata: ¿Está la Revolución Bolivariana proporcionando una alternativa al capitalismo?
En realidad, ésa es su meta. Ha propuesto un camino único: un socialismo profundamente democrático para alcanzar el total desarrollo humano. Hugo Chávez ha logrado recuperar el socialismo como tesis, proyecto y camino, pero se trata de un nuevo tipo de socialismo, humanista, que pone a los seres humanos por encima de todo.
En el corazón de este nuevo socialismo está el consejo comunal (basado en 200-400 familias en las comunidades urbanas y en 20-50 en las áreas rurales). Los consejos, al diagnosticar democráticamente las necesidades y prioridades de las comunidades, han sido considerados como la base no sólo de la transformación de la gente en el curso del cambio de las circunstancias, sino también de la actividad productiva basada en las necesidades y los propósitos comunales.
Después de la reelección de Chávez en diciembre del 2006, los consejos comunales fueron identificados como la célula fundamental del socialismo bolivariano y la base para un nuevo Estado. La lógica es la de una profunda descentralización en la toma de decisiones y el poder.
Sin embargo, no se concibe que la práctica socialista ocurra sólo dentro de las comunidades. Chávez ha insistido en lo que él llama el “triángulo elemental” del socialismo: las unidades de propiedad social, la producción social y la satisfacción de las necesidades de las comunidades.
En Venezuela está sucediendo algo más que una batalla de ideas. Además de la expansión de los sectores estatales en el petróleo y las industrias básicas, la “nueva era” ya ha sido marcada por la nacionalización de sectores estratégicos como las comunicaciones, la energía eléctrica y la recuperación de la posición dominante del Estado en los campos petroleros donde habían prevalecido previamente las firmas multinacionales. La ofensiva contra el latifundismo se ha retomado al realizarse varias confiscaciones de tierras, y han sido creadas nuevas compañías estatales (incluyendo las empresas mixtas con firmas estatales de países como Irán) para producir medios de producción como tractores.
Ojo al Cristo. El éxito de este proceso no es del todo inevitable. Hay poderosas tendencias que apuntan en la dirección opuesta. No sólo existe el afán de los ministros del gobierno y de los gerentes en importantes sectores del Estado de planificar y dirigir todo desde arriba (un patrón que ha paralizado con éxito algunos movimientos de trabajadores independientes), y continúa una cultura de corrupción y clientelismo que pueden ser la base para el surgimiento de una nueva oligarquía. También hay una clara tendencia en favor de estimular el desarrollo de una clase capitalista doméstica como una de las piernas con la cual la Revolución Bolivariana debe caminar hacia el futuro inmediato.
En este caso, en lugar del “triángulo elemental” del socialismo (unidades de propiedad social, organizadas por los trabajadores a través de la producción social, en función de la satisfacción de necesidades comunales), lo que se fortalece es el “triángulo capitalista” (propiedad privada de los medios de producción, explotación de trabajadores asalariados, en función de la búsqueda de ganancia). Por muy acentuado que sea el lenguaje de la responsabilidad social, la búsqueda de la ganancia domina y el compromiso con la comunidad se convierte de hecho en un simple “impuesto”, y la participación de los trabajadores se convierte en acciones de la compañía para éstos, con el objetivo de inducir a los trabajadores a comprometerse a producir ganancias. Como se pudo ver con la decepcionante experiencia de las Empresas de Producción Social que han seguido esta matriz, el capital acepta como condiciones estas limitaciones para asegurarse su derecho a explotar y generar ganancias hasta que sea lo suficientemente fuerte como para imponer la condicionalidad capitalista.
La Revolución Bolivariana, como todos los procesos revolucionarios, produce sus propios sepultureros. Si se fomenta la infección de la lógica del capital, la Revolución Bolivariana, no avanzará con dos piernas sino que, en lugar de eso, retrocederá con una. Si reconocemos que esta tendencia esta floreciendo dentro del proceso y a eso le añadimos que continúa el patrón de clientelismo y corrupción, los restantes enclaves del poder capitalista (en la banca, el proceso de importaciones, la posesión de la tierra y de los medios), y la constante presencia y amenaza del imperialismo estadounidense, es obvio que la lucha por el socialismo en Venezuela debe confrontar formidables barreras.
Y sin embargo, se mueve. La Revolución Bolivariana ha superado las barreras que constantemente se le han colocado y se ha desarrollado cualitativamente en el proceso precisamente por la dialéctica que existe entre el liderazgo y el movimiento de las masas.
La lección de Venezuela necesita ser entendida y difundida ampliamente: su énfasis en el desarrollo humano y la práctica revolucionaria, sus misiones sociales en educación y salud y la creación de los consejos comunales como la base para un estado democrático revolucionario, pueden ayudar inspirar a las masas de otras partes del mundo y a crear las condiciones para que surja un liderazgo revolucionario. Pero la verdadera lección de la Revolución Bolivariana, sin embargo, es la de mostrar lo que puede ocurrir si se da una dialéctica entre las masas que entiende que hay una alternativa y un liderazgo revolucionario preparado para luchar en lugar de ceder.
Este domingo se celebraron elecciones regionales en Venezuela. Chávez obtiene otra victoria, pero la oposición avanza, sobretodo en los sectores urbanos estratégicos. Los bolivarianos deben revisar la táctica, la perdida de terreno es clara. En Francia, el Partido Socialista vive una crisis que parece definitiva. Sobre estos temas escribiré en los próximos días. Por ahora voy a descansar, el recorrido por la provincia Puerto Plata fue extenuante, extenso y estimulante.
Estoy decidido a luchar y no ceder. Ese es siempre el camino de los revolucionarios verdaderos.
Juan Carlos Guerra.
24 de Noviembre de 2008.
3:47 a.m.

