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El Futuro de mi candidatura.
Escrito por: | Categoría: General | Fecha: 27-04-2009
“Dijeron que este día nunca llegaría. Dijeron que nuestras metas eran demasiado altas. Dijeron que nuestros horizontes eran inalcanzables. Dijeron que en el partido más viejo era imposible que los jóvenes se atrevieran. Y hoy estamos aquí con coraje, con valentía, con firmeza, con un corazón lleno de amor por la Patria, inscribiendo nuestra candidatura a la presidencia del partido para empujar el Proyecto Nacional Juan Pablo Duarte.”
Con esas palabras comencé mi discurso de 38 minutos y 43 segundos. Tirso y Urbaez abrían los ojos , incrédulos ante nuestra osadía. Nadie imaginaba que a esta altura estaríamos batallando por las ideas en las que creemos. Máxime cuando hubo otro “joven” que intentó aspirar y sus amos no lo dejaron. La gran estafa siguió siendo eso: una gran estafa.
El camino hasta aquí no ha sido fácil. Noches enteras sin dormir buscando la forma de hacerlo sin desprendernos de nuestros principios. Cientos de Kilómetros recorridos sabiendo que al final del camino estará la luz. A veces, hasta lágrimas por tener el presentimiento fatal de que la madera aún está mojada y es imposible encender el bosque.
Días en los que solo hemos dormido tres horas. Cuando el ánimo flaqueaba, en la misma mitad del desierto que hemos cruzado victoriosos, Bolívar, Cristo o Fidel nos servían de refugio para recargar las baterías.
En el PRD es difícil defender convicciones firmes. La generación fallida no tolera a quien se atreve a desnudarla. No admiten que se pretenda presentar un proyecto de país y de partido distinto al suyo. La Antipatria está tan llena de mediocridades y mezquindades que presiona ofreciendo dinero para que nuestro barco zozobre. Algunos “jóvenes” en el partido tienen demasiado miedo para enfrentarlo.
Quise que fuera el 24 de Abril, día de Revolución. La idea inicial era inscribir nuestra candidatura el 4 de Febrero, para rendir tributo a la heroica rebelión militar encabezada por Hugo Chávez en 1992 contra la putrefacta elite oligárquica venezolana. Ese día amaneció de golpe la esperanza en Nuestra América. A esa fecha aún no se había posesionado la Comisión Organizadora.
Invité a mi inscripción a los primeros doce compañeros que nos dijeron sí. A los que atravesaron el desierto junto a nosotros. A quienes cargaron la pesada cruz de las ideas justas y revolucionarias.
Hablé de la injusticia de cobrar para la inscripción de candidaturas. ¿Cuántos dirigentes con méritos, pero sin dinero no podrán dar lo mejor de sí en el presídium o la comisión política por esa prohibitiva cuota? ¿O es que en el PRD se prefiere al dinero sin un hombre, que a un hombre sin dinero?
Expresé mi intención de llevar los cien mil pesos en monedas. Habíamos hecho el cálculo. Cien mil pesos cabían en mil quinientos sacos de 125 libras, partiendo de que en una libra hay 69 monedas de a peso. Hasta el martes en la noche, esa era mi decisión, sin embargo los muchachos me convencieron de lo contrario. Cuatro horas y diecisiete minutos tardaron argumentándome que debíamos ser prudentes. Solo accedí para no ser acusado de obcecado. ¡Cuánta falta nos hace ser más imprudentes! Exclamé impotente.
Hablé del socialismo como única vía para salvar el planeta. “El PRD debe mirar a Venezuela, los perredeístas debemos seguir el ejemplo que Caracas dio”, proclamé exultante, ante un Tirso al que le daba urticaria escucharme.
Terminé citando a Fidel (no podía ser de otra manera, Tirso y Urbaez enrojecían): “En el menos venturoso de los casos, en el día de mañana, podrán decir de nosotros que supimos morir ante un imposible, pero nunca nos verán llorar de impotencia. Porque al final tendrán que reconocer que fuimos firmes. Tendrán que reconocer que defendimos con firmeza nuestros ideales. Al final tendrán que reconocer que fuimos revolucionarios. Porque si a David se le recuerda por haber luchado contra Goliat, a nosotros que constituimos un David mucho más pequeño que luchamos contra un Goliat inmensamente mas grande, tendrán que recordarnos tanto como se recuerda a David.”
La sensación del deber cumplido es orgásmica.
Ayer domingo estuve en el programa de Andrés Matos. Como fanático furibundo de la generación fallida intentó acorralarnos, no lo logró. Su pretendida encerrona, termino en ridículo. Evidentemente a él y a su títere acompañante le hacen falta años luz de estudio para poder debatir con nosotros. Le dimos una cátedra de historia, ciencias políticas y coraje. Tanto al señor Matos, como al pusilánime que lo acompañaba los comprendo: hace rato que se les olvidó pensar por sí mismos.
El 24 de Abril de 2009 fue un día memorable. Nos atrevimos a consumar, lo que a otros les falto valor para expresar. La gran estafa intentó, sus amos lo desmontaron.
¡Estamos Venciendo!


