Los jefes del mundo insisten en administrarle aspirina a un enfermo terminal. Las conclusiones de la Cumbre del G20 demuestran que la crisis ha desbordado a los jefes de los Estados más poderosos del planeta. Encorsetados en los límites del alicaído sistema, son incapaces de tomar el toro por los cuernos.
Esta es una crisis multidimensional, amenaza a toda la civilización. Su salida no debe ser abordada con las lentes del siglo pasado. Peligra la especie. Sin ánimo apocalíptico, esta puede ser la crisis definitiva, que haga colapsar el planeta o consumir a la humanidad en un gran conflicto global por los escasos recursos que poseemos.
Las grandes potencias insisten en remendar un pantalón que ya no aguanta un puntazo más. El actual modelo económico no sirve, la crisis continuará achicando nuestros bolsillos, echando ciudadanos a las calles y deglutiendo recursos naturales.
El dólar no debe seguir siendo la moneda de intercambio internacional. El comercio mundial no puede soportarse por papeles. Los países pobres sostenemos el despilfarro de los ricos. Estoy en desacuerdo con quienes plantean que el Yuan debe ser la próxima divisa de referencia. Eso sólo pospondría el problema. El camino correcto es establecer el oro y el petróleo como nuevos patrones monetarios.
Hay que rehacer los modos de consumo de la humanidad. Crear conciencia acerca del despilfarro de recursos. En 2030 en la Tierra habitarán diez mil millones de seres humanos. Si mantenemos el ritmo de consumo actual a esa fecha harían falta tres planetas para abastecer la demanda de bienes, servicios y alimentos. ¿Imaginan los gestores del modelo capitalista las guerras que habrá en el mundo por comida, ropa, energía, empleos? Casi no valdría la pena vivir en la Tierra en esas condiciones.
Castigar los paraísos fiscales y gastar un billón de dólares para capitalizar el FMI, sólo agravará la crisis. El FMI ya no tiene razón de ser.
Incentivar la creación de tecnologías para nuevas alternativas energéticas de nada valdrá si no enseñamos a la humanidad a ser eficientes en su uso. Consumimos en menos de 150 años, lo que a la naturaleza le ha costado 300 millones de años en construir. Ver el problema energético a la luz de la oferta, obviando la demanda no nos ayudará resolverlo.
Estas son sólo algunas de las medidas más suaves que deben tomar los líderes de las grandes potencias, únicas responsables de esta crisis. Mientras, siguen remendando el pantalón. ¿Han pensado en algún momento que acciones tomar cuando la gran masa de desempleados salgan a las calles a buscar a como dé lugar el sustento de sus familias? ¿Tienen algún plan de contingencia en caso de que el dólar colapse definitivamente y media humanidad se quede sin recursos económicos con los cuales afrontar la crisis? ¿Han considerado la posibilidad de que el planeta colapse por el consumo irracional de sus recursos naturales? ¿Qué harían? ¿Una nueva cumbre? ¿Dónde? ¿En la gloria o en el infierno?
Más que un cambio de época, asistimos al fin de una civilización.
Hoy se cumplen siete años del regreso al poder de Hugo Chávez, luego de que un efímero golpe de Estado le impidiera seguir cumpliendo el mandato que su pueblo le otorgó. En un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad, fue repuesto en el mando presidencial por la gente, que espontáneamente salió a las calles a echar a los golpistas. Esta tarde el líder latinoamericano se dirigirá a su pueblo. Lamento no poder darle un abrazo. Veré a través de la televisión su discurso. Será memorable. Mañana me referiré a profundidad sobre el tema. En los próximos días escribiré sobre el destino de mi candidatura a la presidencia del PRD.
El mundo sigue girando.

